La Nino de Said o la literatura como opulencia

Cisterna de sol

Un día Jorge Luis Borges descubrió el poder de su concepción del mundo contemplándose a sí mismo junto al lago de Ginebra; un misterioso musulmán después de buscar por el mundo, encontró, exhausto y casi destruido, el tesoro que le aguardaba, justo debajo de la fuente de su casa; Colón halló su paso a la eternidad ente las páginas del Milione, como Alonso Quijano en las novelas de caballería. Muchos son los que se han salvado descubriendo enormes misterios en los libros, muchos otros se han  perdido irremediablemente y sin embargo, en común tienen ambas especies de nombres, haber sido tocados por la riqueza fantástica de las letras; es decir por su opulencia.

La literatura puede enriquecer a los lectores, porque es en sí misma aquello que los economistas llaman la súper abundancia, la fortuna sin límites, la ambrosía interminable, esto es: la opulencia. De ella el lector toma…

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