Quisimos tanto al Gabo

Cisterna de sol

Avisa el diario El País que Gabo ha muerto, en Macondo se han secado las orquídeas y a mi se me fugan dos lágrimas mustias, opacas, como salidas de muy adentro que no se refrescan con el recuerdo de Ojos de Perro Azul, cuando descubrí un mundo oloroso de guayaba. Otros diarios confirman que es cierto, las declaraciones menudean y me hacen pensar que el gigantesco colombiano tenía razón:la mejor causa para escribir es que a uno lo quieran y, cuánto quisimos al Gabo.

Sucede casi igual con todos los escritores, al menos con los más grandes, que no existen dos lecturas iguales, no digamos entre dos individuos distintos, sino aún entre dos instantes del mismo lector. Del azoro de la triste noticia, a la memoria de los instantes en que García Márquez me entregó crónicas bárbaras y momentos de delicado estremecimiento, transcurren frente a mi las imágenes de sus…

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