Eichmann en Jerusalén

Hannah Arendt, Eichmann en Jerusalén, traducción de Carlos Ribalta, Barcelona, 2013

Eichmann en Jerusalén es un controvertido y polémico análisis de la filósofa alemana de origen judío Hannah Arendt sobre el juicio que Israel escenificó en Jerusalén en 1961, sentando en el banquillo de los acusados a Adolf Eichmann, a quien condenaron a la pena capital. Adolf Eichmann fue ejecutado en la horca el 31 de mayo de 1962.

Tengo la sensación, después de haber leído muchos artículos y libros en los que se hace referencia a este libro, que casi nadie de los que lo comentan se lo han leído… Se desenmascaran tantas cosas y se cuestionan tantas cosas a las que nadie hace referencia nunca, que la única explicación es que no se lo han leído y que casi todos hablan de oídas…

La reseña que aparece en la contraportada tiene que ser forzosamente obra de alguien que no se ha leído el libro.

 

Estupenda la reseña de Pilar Alberdi

 

Hannah Arendt nos ofrece un completísimo informe del proceso judicial que tuvo lugar en Jerusalén contra Adolf Eichmann  en 1961, y un lúcido análisis de las circunstancias que lo rodearon.

Desde el comienzo de su análisis, pone de manifiesto los fines perversos del fiscal y del Estado de Israel, que pretendían en este juicio ponerf de manifiesto y mostrar a toda la humanidad los sufrimientos del pueblo judío durante la persecución y el exterminio al que fue sometido por el régimen nacionalsocialista alemán.

Israel se otorga a sí mismo la representación del “pueblo judío” y juzga a uno de los muchos criminales nazis como si fuera el responsable de los crímenes nazis contra el pueblo judío. Al igual que la Alemania nazi pretendía llevar a cabo un plan de limpieza étnica con el fin de crear una gran nación para una gran raza, el Estado de Israel busca, desde su fundación, crear un gran Estado para una gran raza, expulsando de él a todo aquel que no pertenezca al pueblo judío y adjudicándose la representatividad de todos los judíos de la tierra, no tanto en cuanto individuos que profesan una determinada religión, sino en cuanto personas de una raza determinada, la raza judía. Este aspecto, que es fundamental para entender el juicio contra Eichmann, no es abordado para nada por Hannah Arendt.

Del análisis que hace Hannah Arendt se desprende que los crímenes del régimen nazi fueron crímenes contra la humanidad más que crímenes contra el pueblo judío. La consideración de crímenes es una consideración a posteriori, ya que son muchos los regímenes políticos que cometen crímenes de todo tipo, tan legales como lo fueron los cometidos por el régimen nazi, y que nadie juzga porque no existen tribunales internacionales para hacerlo. Eichmann era un soldado que cumplía órdenes, pero también era un funcionario que desempeñaba su trabajo con eficiencia dentro de la legalidad vigente. Legalidad cuestionada por ser la legalidad de un Estado derrotado militarmente, legalidad cuestionada por los vencedores que lo derotaron, y legalidad cuestionada y juzgada, o vengada, por sus víctimas.

Eichmann no era un ser malvado, sádico y perverso, como quería presentarlo el fiscal. Eichmann era un funcionario meticuloso que hacía su trabajo lo mejor posible. Además era un funcionario que hacía un trabajo “legal”.

El juicio que tuvo lugar en Jerusalén contra Eichmann fue un juicio-venganza en el que las víctimas de un régimen criminal eligieron a un chivo expiatorio que pagase no sólo por todos los nazis, sino por todos los antisemitas que ha habido a lo largo de la historia. Eichmann fue el chivo expiatorio en la escenificación de un juicio contra el antisemitismo. La mayor paradojo fue que Eichmann no era antisemita, y sí bastante sionista.

Los crímenes cometidos por los nazis no tuvieron como causa el antisemitismo sin más y su consecuencia no fue, como han querido hacernos creer desde Israel, un Holocausto judío o una Shoah. Los crímenes cometidos por el régimen nazi, que para ellos ni siquiera era crímenes, respondían a un gran plan de eugenesia y de limpiea étnica inspirado en teorías científicas derivadas de la teoría darwiniana de la selección natural. Fue Francis Galton, primo de Darwin quien, analizandolas teorías de su primo, llegó a la conclusión de que las sociedades modernas actuaban en contra de la selección natural al proteger a los enfermos y a los débiles y por tanto se le puede considerar el precursor de las teorías y las prácticas de la eugenesia que inspiraron al nacionalsocialismo en sus aspiraciones a construir una nación de hombres fuertes, sanos y libres. Para ello era necesario impedir que se reprodujesen los enfermos, los débiles mentales y los individuos pertenecientes a lo que ellos consideraban como razas inferiores: judíos, gitanos, eslavos…

Hannah Arendt considera que el genocidio llevado a cabo por el nacionalsocialismo no tiene precedentes en la historia por el nivel al que llegó. Sin embargo, como tal genocidio no sólo tiene precedentes, sino que todavía en la actualidad somos testigos de otros genoidios de los que no se habla casi. El genocidio llevado a cabo en América por españoles, holandeses o británicos no fue mucho menor. Si en algo no había precedentes era en la forma de llevarse a cabo, pues con el genocidio nazi se inició la época de los genocidios con base científica y practicados industrialmente.

La industrialización del genocidio dio lugar a la existencia de individuos como Eichmann. Los procesos industriales son procesos complejos que requieren la intervención de muchos pequeños engranajes. Nadie es responsable absoluto de nada y todos lo somos un poco. Cualquiera de los engranajes que intervienen en el proceso es prescindible, pues es fácilmente sustituible por otro cualquiera. Este es el gran problema a la hora de analizar la culpabilidad de Adolf Eichmann.

No cabe duda de que Adolf Eichmann tuvo una importante responsabilidad en la muerte de cientos de miles o de millones de personas, pero en la cadena de responsabilidades había muchas otras personas, incluidos muchos judíos. Por otra parte, también fueron responsables de la muerte de cientos de miles de personas inocentes quienes lanzaron las bombas atómicas en Japón, y quienes lanzaron las bombas incendiarias sobre Dresde, Hamburgo o Berlín… y no sólo no fueron juzgados, sino que muchos fueron incluso condecorados y murieron de viejos llenos de honores como héroes.

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